EL SISTEMA DE CONTROLES FALLA

Justo Gil

El que en la Comunitat valenciana nos encontremos enfangados hasta las cejas, aparte de tener su origen en la propia indecencia de los personajes implicados, también es consecuencia, estimo, del sistema de controles que nos ofrece el ordenamiento jurídico en los diferentes niveles de las Administraciones territoriales, y en particular de la local. Doy por supuesto que una educación en valores en la escuela es un antídoto, pero no es suficiente para evitar actitudes como las que estamos viendo en el paisaje valenciano. Educar a los niños para no castigar en el futuro a los hombres, debiera ser la máxima. La ciudadanía no puede dar confianza alguna a las acciones corruptas, a las acciones faltas de ética; estaría echando paladas de tierra y propiciando el enterramiento de los valores democráticos. No es posible. Habría un complicidad con la miseria más nauseabunda. Y por la democracia, antes al contrario, hay que partirse el pecho. La sociedad valenciana está un tanto adormilada. Falta frescura.

 

Los gobiernos deben centrar su estrategia en recuperar la confianza de los ciudadanos, puesto que ello repercute en el capital social. He dicho gobiernos, en plural, por cuanto nos hallamos ante un modelo Estado territorial y políticamente descentralizado. Alguien puede haberlo olvidado. Las carencias éticas detectadas en la Administración pública, hizo que se dieran los primeros aldabonazos normativos: se aprobaba el “Código de Buen Gobierno de los miembros del Gobierno y de los altos cargos de la Administración General del Estado”, completado con la Ley 5/2006, de 10 de abril, de regulación de los conflictos de intereses de los miembros del Gobierno y de los altos cargos de la Administración General del Estado. Ciertamente lo novedoso de este Código es la exaltación de la responsabilidad personal del cargo público (microética) frente a la responsabilidad corporativa de la Administración pública (macroética). Lo que quiere decir es que los altos cargos de la Administración Pública deben asumir su responsabilidad personal en la toma de decisiones, y no ampararse en la Administración como organización.

 

En la Administración autonómica valenciana está por ver. Hay palabras que tienen que resonar aún mucho más: Administración pública, Buen Gobierno, Derecho a una buena Administración, Códigos de Conducta, Confianza ciudadana en sus instituciones públicas, Gobernabilidad, Responsabilidad, Ética personal y política (no disociadas),Neutralidad, Eficacia, Eficiencia, Dimisión, Renuncia, Mayor participación social, Actuación judicial presta, Nueva Gestión Pública, Funcionariado objetivo e imparcial, Imposición de la ley por encima de otras consideraciones, Diferencia ( y no mezcolanza) entre lo público y lo privado, Expulsión de todo nepotismo, Transparencia en la gestión de los recursos públicos (eliminación de toda opacidad), Moderación en la expresiones de opiniones personales, etcétera. Se ha de decir que “lo público” es, de alguna forma y manera, una garantía de igualdad y de solidaridad, con adecuación a la Norma de Normas. De ahí su altura y su situación en el vértice.

 

En la contratación pública se hallan muchos de los males cercanos a las acciones corruptas. Aún cuando se han hechos esfuerzos por mejorar el nivel de transparencia, todavía hay resquicios por donde la ruindad puede colarse. Tanto en la fase preparatoria, como en la fase propiamente de contratación, como de ejecución de los contratos. Regulación  exhaustiva de los delitos que tienen como bien jurídico protegido la objetividad e imparcialidad de las decisiones administrativas: tráfico de influencias, malversación de fondos, prevaricación. Debe existir un mayor rigor en la regulación del régimen administrativo de los conflictos de intereses, como función preventiva de la acción delictual. También se podría establecer un Registro como garantía del control de recibimiento de regalos que no sobrepasen los usos y costumbres de la simple cortesía. O la eliminación radical de los mismos, para evitar la delgada línea con el delito de cohecho. Hay que eliminar, entonces, cualquier atisbo de duda. Lo importante es que la ciudadanía no permanezca pasiva, que tenga conciencia crítica de cuanto le rodea. Esa es la mejor garantía de que estamos en una sociedad viva y chispeante.

 

 

  JUSTO GIL SANCHEZ

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