MONAGO… Y MONAGUILLO

Ángel Luna

El pasado martes, Fabra tuvo presencia en todos los medios informativos de alcance nacional. Este hecho no debería extrañar pues preside una de las grandes Comunidades Autónomas de España, por población y por peso económico. Cabría esperar que, quien lidera un colectivo como éste, tuviera algo relevante que decir sobre los graves problemas que enturbian nuestro futuro y que lo dijera. Medio mundo está pendiente de las decisiones que debe adoptar la Unión Europea en materia de política económica y de la orientación de las mismas.

 

El estancamiento de Europa se sufre en todo el planeta pero, sobre todo, en áreas de la propia Europa, como la nuestra, que no podrá recuperarse sin unas decididas políticas de crecimiento. Sin un aumento del gasto europeo nosotros exportamos menos y recibimos menos turistas, lo que impide nuestra recuperación económica. Un presidente valenciano debería tener mucho que opinar sobre la falta de un impulso decidido al crecimiento, en la UE, sobre la unión bancaria o sobre tantas otras medidas que podrían venir en ayuda de la maltrecha economía valenciana. Pero no. Nunca le hemos oído decir una sola palabra sobre esos asuntos. Como si no fueran con nosotros, como si no nos afectaran.


Fabra debe creer que sus responsabilidades con la evolución de la economía valenciana se circunscriben al tema del equilibrio en las cuentas autonómicas. Cuando habla de economía sólo se refiere a la financiación de la Generalitat, lo que da una idea de sus limitaciones políticas. En su estrecha concepción de lo que debe ser el papel del gobierno valenciano, vive dedicado al recorte del gasto, único camino que conoce para reducir el déficit que, según suponemos que le han explicado, está en el origen de todos los males. No mira más allá y, claro, no tiene otros horizontes. Cree que lo suyo se limita a gastar lo que recibe y a pedir más si no tiene suficiente para pagar la deuda pendiente, como le sucede ahora. Pero decisiones de orientación económica, que también son determinantes para que las administraciones recauden más o menos, debe considerar que son cosa de otros, de los que hacen política, de Rajoy y los ministros. Él de eso no sabe o no contesta. Es difícil encontrar una forma más burocrática de ejercer el gobierno.


Las instituciones de la Comunidad Valenciana no suelen ser noticia por sus actividades económicas, por sus proezas sociales o culturales o por su participación en los grandes debates políticos nacionales. Lo que verdaderamente nos ha dado notoriedad, en los últimos años, ha sido el despilfarro y la corrupción. Ahí casi hemos copado la agenda informativa. En estos temas, Fabra tampoco tiene discurso político. Si en los asuntos económicos se muestra como un contable, que se limita a apuntar ingresos y gastos y a advertir de los desfases, en los asuntos de calado inequívocamente político, como el de la corrupción, se pone igualmente de perfil y remite el asunto a los tribunales. También es verdad que para una vez que quiso decir algo y alumbró la teoría de las líneas rojas para el trato a los imputados, sólo logró meterse en un jardín, como vuelve a poner de manifiesto apoyando la esperpéntica moción de Orihuela. Amenazar con exhibir principios tiene el riesgo de que, llegada la hora, puedes quedar en evidencia.


Esta semana Fabra ha sido noticia porque, por una vez, ha entrado en un asunto político de alcance nacional: la cuestión del proyecto de ley del aborto, presentado por el PP. Como es sabido, este proyecto ha provocado un amplio rechazo ciudadano, incluso entre sectores del propio PP. Dirigentes de ese partido han manifestado su posición respecto al mismo, señalando, en algunos casos, abiertas discrepancias con la propuesta del gobierno de Rajoy.

 

En ese contexto, irrumpe Fabra, pero no para opinar sobre el contenido del proyecto de ley, que hubiera sido lo normal, sino para afear al Presidente de Extremadura sus opiniones públicas discrepantes. Para más escarnio, Fabra reta a Monago a que vierta sus críticas en el Comité Ejecutivo del PP, el extremeño lo hace y Fabra se achanta. ¿Puede haber forma de exhibir mayor inconsistencia? En este asunto, Monago ha demostrado criterio y Fabra servilismo. Su actuación no ha pasado del nivel del monaguillo, atento siempre a acudir en auxilio del oficiante. Gallardón, en este caso. Completando el sainete, el PP extremeño le recuerda a Fabra que es Presidente de rebote y Rus sale a la palestra en la línea de Monago, para que queden claras las diferencias, de criterios y actitudes.


Aún ha habido más. Como es costumbre, Fabra nada dijo en la reunión de la dirección del PP sobre las imperiosas necesidades de financiación a las que había hecho referencia en una conferencia en Valencia, un día antes. Según vendieron a los medios desde el potente aparato de Presidencia, Fabra, en reunión privada con Montoro, había arrancado el compromiso de negociar un “fondo transitorio” que permitiera a la Generalitat sobrevivir hasta la negociación de un nuevo modelo de financiación autonómica, que el gobierno de Rajoy ha dilatado hasta 2015. Se trataba de poner de manifiesto que la táctica de Fabra de negociar en privado da más resultado que la reivindicación en público. Esa misma tarde y mediante un comunicado oficial, el Ministerio negaba esa posibilidad. Otra humillación pública para el President de la Generalitat, con origen en sus propias filas.


Sinceramente, ¿se puede aguantar así el año y medio que queda hasta las próximas elecciones autonómicas? Es difícil creerlo. No me preocupa el deterioro del PP, que resulta imparable y que ellos mismos no esconden. Me preocupa el deterioro añadido que va a sufrir esta Comunidad durante el tiempo que dure esta dramática situación. Fabra ha convertido al Consell en el monaguillo del gobierno de Rajoy y el coste lo pagaremos todos.

 

(Con autorización del Autor)


(Licenciado en Derecho, político y articulísta, Ex Conseller Valenciano, Senador

Diputado en el Congreso y en las Cortes Valencianas, Ex.Alcalde de Alicante.)

 

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