2014: PELIGRO EN EUROPA

Ángel Luna

Entramos en un año clave para la Unión Europea y no sólo porque se vayan a celebrar elecciones al Parlamento, en el mes de mayo. Muchas y muy importantes acciones habrán de abordarse a lo largo de 2014, si no queremos que fracase el proyecto más ambicioso que ha conocido la historia de construir un espacio de libertades y bienestar para centenares de millones de ciudadanos. La paradoja es que empezamos el año más complicado bajo la presidencia, por turno, de Grecia, el país que afronta las mayores dificultades, tanto económicas como políticas y del que muchos dudan que sea capaz de ejercer esa presidencia con un mínimo de eficacia.


Al parecer, en su discurso de fin de año, la Canciller Merkel hizo votos por el progreso en Europa, condicionando ese progreso a que “la crisis de la deuda soberana sea realmente superada de forma duradera”. No parece descabellado suponer que sigue teniendo en la cabeza el mantenimiento de políticas de austeridad y de recortes en aquellos países que, como el nuestro, tienen en la deuda externa uno de sus principales problemas, si no el principal. Ahí va a estar uno de los principales caballos de batalla de los próximos meses. Como en España, también por Europa se está propagando la idea de que lo peor de la crisis ya ha pasado y de que en 2014 empezaremos a mejorar. Parece que hay una voluntad deliberada de hacer creer en una recuperación, tal vez como única forma de justificar el mantenimiento de unas políticas que han agravado la destrucción de empleo y que están incrementando las desigualdades.

 

Nuriel Roubini, uno de los más conocidos analistas económicos internacionales, hacía balance el pasado 31 de diciembre y explicaba que la eurozona mantiene sin resolver sus problemas fundamentales. Tras un somero repaso sobre los datos de desempleo, deuda o pérdida de competitividad, señalaba las dificultades del crédito y la lentitud de los pasos hacia la unión bancaria o la unión fiscal y los riesgos políticos que está trayendo la fatiga de las políticas de austeridad. Nada más lejos de la injustificada euforia que pretenden transmitir De Guindos o Fabra a base de retorcer datos cuidadosamente seleccionados.


Pero si leer a Roubini resulta preocupante, más lo es atender a lo que escribe Hans-Werner Sinn, el influyente presidente del centro de investigación económica IFO, de Munich, que tiene hilo directo con quienes deciden la política económica en Alemania. Dice Sinn que la crisis está lejos de ser superada y que el euro mismo es responsable de esta debacle. En su opinión, la solución pasaría por crear los Estados Unidos de Europa, entidad con todas las funciones de un estado y con un sistema legal común. Como, asegura, Francia no está preparada para aceptar eso todavía, recomienda acudir a un sistema flexible de pertenencia, basado en duras limitaciones presupuestarias. Expresado llanamente: lo que postula es hacer salir del euro a aquellos países que no sean capaces de mantener los requerimientos de pago de su deuda a base de políticas de austeridad y recortes. Es verdad que, por primera vez, se lee a un conservador alemán una referencia al establecimiento de quitas en las deudas, lo que choca con la posición oficial alemana de que todos los créditos deben ser devueltos, pero también es cierto que los bancos de su país ya se han deshecho de la mayoría de los préstamos que, en tiempos de bonanza, concedieron a los países del sur y que tanto contribuyeron a inflar la burbuja económica que alimentó la crisis. No es difícil deducir en quién está pensando Sinn, sabiendo que Grecia ha recibido 280.000 millones de euros en ayudas, cantidad que no es probable que sea capaz de devolver en muchísimo tiempo, haga lo que haga.


El peligro, para Europa, es seguir manteniendo, contra viento y marea, las políticas de austeridad a ultranza que se vienen aplicando en todas partes. No es casualidad que Roubini termine su artículo diciendo que “con la posible excepción de Estados Unidos, el crecimiento permanecerá anémico en las economías más avanzadas”. Si Estados Unidos tiene otras perspectivas es porque allí se han llevado a efecto otras políticas, que ponen el objetivo en la recuperación más que en la austeridad y en la deuda. En Europa, la derecha parece dispuesta a expulsar a países de la eurozona con tal de no modificar sus postulados económicos. Si en lugar de defender a los países de los ataques de los especuladores financieros nos dedicamos a expulsar y abandonar a los más débiles, ¿cómo acabaremos? Es fácil predecirlo: mal.


El parlamento europeo que se elija en mayo va a ser el que más poder concentre desde la creación de la UE. También va a ser el que contenga una mayor proporción de representantes de partidos antieuropeos, generalmente nacionalistas de derechas, populistas y xenófobos. Van a las elecciones europeas con el único objetivo común de desmantelar Europa y volver a los nacionalismos excluyentes. Resulta dramático comprobar cómo el empecinamiento y la incapacidad de la mayoría de los gobiernos de la UE para cambiar unas políticas que están demostrando su ineficacia, nos están llevando a un insoportable grado de deslegitimación de la idea de una Europa unida y cohesionada. Si no se abordan con decisión objetivos como el de una verdadera unión bancaria o la puesta en marcha de planes de estímulo al crecimiento económico, por citar dos ejemplos, seguiremos instalados en la incertidumbre y en la crisis, suelo abonado para aventurerismos políticos de toda laya.


Tenemos por delante una buena colección de problemas, un puñado de gobiernos incapaces y una arquitectura institucional compleja que dificulta las decisiones. Esto sólo lo arregla una decidida intervención de los ciudadanos que muestre, en las urnas, que la mayoría apuesta por un estado de bienestar europeo fuerte, democrático, cohesionado y solidario.

 

(Con la autorización del autor)

 

Ángel Luna

(Licenciado en Derecho, político y articulísta, Ex Conseller Valenciano, Senador

Diputado en el Congreso y en las Cortes Valencianas, Ex.Alcalde de Alicante.)

 

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