INCERTIDUMBRES, OPORTUNISMOS Y ENGAÑOS

Angel Luna

La política es una actividad que se construye sobre un elevado muestrario de imprevistos y de incertidumbres. La facilidad y la velocidad del transporte y de las comunicaciones han convertido al planeta en lo que se conoce como la aldea global, elevando a límites insospechados la interdependencia de sujetos, grupos y sociedades. Como no es posible prever el comportamiento de todo el mundo, debemos aceptar nuestras limitaciones a la hora de planificar acciones futuras. Por eso, pensadores como Daniel Innerarity hablan de la política como “gestión de incertidumbres”. Un buen político debería, por tanto, disponer de una saludable capacidad de improvisación, para poder enfrentar situaciones que no se han podido advertir con anticipación. Esto no tiene nada que ver con el oportunismo, que viene a significar el abandono de los principios para funcionar al albur de las circunstancias. Se puede improvisar a la luz de los principios y los valores morales que se defienden, sin que haya nada rechazable en ello. Al contrario. Sólo los dogmáticos y los fundamentalistas creen que todo puede estar controlado y que las conductas humanas deben seguir una indesmayable línea recta.

Sin embargo, entiendo que los proyectos políticos deben fundamentarse en un sólido ejercicio de prospectiva que permita adelantar las acciones que se van a ejecutar, si se alcanza la responsabilidad de gobierno. Es lo mínimo que se puede hacer para poder pedir, con seriedad, el voto a los ciudadanos.

 

Luego, si las circunstancias cambian de forma relevante e imprevisible, hay que explicar muy bien por qué se actúa de forma opuesta a lo apuntado. Lo contrario supone una grave falta de respeto hacia los electores, que deberían tenerla en cuenta a la hora de volver a emitir el voto. Rajoy está haciendo eso, precisamente. Conociendo en profundidad la gravedad de la crisis económica y de la situación española, no en vano venía denunciándola meses antes de las elecciones, prometió lo que sabía que no podría cumplir. Lo suyo no es un caso de gestión de incertidumbres, sino de engaño al electorado.

 

Lo de Fabra es otra cosa. Como no se presentó a las elecciones encabezando la candidatura del PP a la Generalitat, pretende sacar provecho de la ausencia de compromisos personales derivados de las últimas elecciones autonómicas. Actúa como si no hubiera acudido a estas elecciones bajo el paraguas de unas siglas y al amparo de las promesas de un concreto programa electoral. Pero lo hace consciente de que no puede romper públicamente con un pasado que está en sus orígenes y del que ha sido parte activa y relevante. Ahí radica su conflicto existencial y el germen de sus contradicciones políticas. Vive en una duda que hace imposible dibujar un perfil de liderazgo que pueda proyectarle hacia el futuro.

 

Como Rajoy, Fabra accedió al gobierno de la Generalitat conociendo bien el terreno que pisaba. No le eran ajenas las oportunidades que ofrecen los presupuestos públicos y las decisiones discrecionales de la Administración. Sin necesidad de hacer muchas preguntas, venía disfrutando de un asiento de lujo en un vehículo, el PP, que navegaba por los procesos electorales con un combustible de clase superior. Pero, como no cabe despreciar su inteligencia, hay que suponer que imaginaba, al menos, de dónde provenían las corrientes subterráneas que nutrían los depósitos de su partido. Se confirma, ahora, lo que él debía saber hace tiempo: la financiación por la trama Gürtel de una serie de actos electorales, uno de los cuales se celebró en Castellón y le tuvo como protagonista principal. Su estrategia no se enfrenta, pues, a ningún acontecimiento repentino que le obligue a improvisar y del que tenga que lamentarse.

 

El problema que tiene Fabra es que pretende desmarcarse de un pasado trufado de excesos y delitos, protagonizados por gente de su partido, pero sin romper con los autores de los desmanes, lo que le obliga a colaborar en la labor de ocultación de lo ocurrido. Es un trabajo de encubrimiento que le lleva a actuar como en tiempos de Camps. Mientras se airea un imaginario cambio de talante, se sigue negando información a la oposición, de manera sistemática. Los contratos públicos siguen siendo tan inaccesibles como antes y, si se permite el acceso a alguno de ellos, es porque tiene una importancia menor o porque es mayor su utilidad como elemento propagandístico para demostrar que algo ha cambiado. Conozco los papeles que transitan por les Corts y cada semana me sorprendo con nuevas “cláusulas de confidencialidad” que añadir a todo tipo de excusas dirigidas a evitar que se conozca el manejo de los caudales públicos. Como ejemplo, ahí están los contratos de las Consellerías dirigidas por Castellanos con las empresas de su amigo Taroncher. Sólo se conocerán cuando el PP pierda el gobierno. Lo último es enviar incompletos los expedientes solicitados por el Tribunal Suprerior de Justicia en los procedimientos sobre Gürtel, acción que está llevando a un retraso en la tramitación de los sumarios, mientras proclaman su voluntad de colaborar con la justicia.

 

Fabra no ha sido capaz de romper con el sistema de parasitar la Administración que tenía montado el PP. Si está haciendo algo diferente, limitando despilfarros, por ejemplo, es porque no tiene más remedio. Con las arcas vacías y sin crédito no se pueden montar fiestas. Pero no hay nada más. La errática doctrina de apartar a los imputados, no pasa de ser una muestra palmaria de oportunismo. Como no hay criterios, ni principios defendibles, a unos se les aplican unas medidas y a otros otras, pero se intenta encubrir a todos. Ahora que está en marcha el calendario de señalamientos judiciales, que ha empezado con el otro Fabra, va a quedar en evidencia, por si alguien tiene dudas, su verdadera talla. Que nadie se asuste. Todos hemos podido ver lo que pasa, así que, estamos todos avisados.

 

Angel Luna

(Autorización del autor)

 

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Comentarios: 1
  • #1

    José M. Rodríguez (martes, 05 noviembre 2013 18:18)

    Echaba de menos artículos como este de "pedagogía política y no de noticieros políticos. Un buen artículo de una muy buena pluma política

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